Las redes sociales no son la vida real

¿Quién no ha pensado que sería increíble tener la vida de…?

En las redes sociales algunos exhiben vacaciones inolvidables, un armario o vehículos de ensueño, diplomas admirables, una figura envidiable y hasta una relación sentimental que quisiéramos emular.

modelo aus 2La realidad es que la mayoría de nuestros referentes digitales no son tan felices como sus selfies sonrientes nos hacen creer. Según la Alianza Nacional de Enfermedades Mentales de Estados Unidos, una de cada cinco personas está sufriendo de problemas de salud mental, pero la gran mayoría no está buscando ayuda.

Tal es el caso  de Essena O’Neill, una adolescente australiana que tenía más de 710.000 seguidores en las redes sociales, y quien decidió parar sus cuentas al emprender una campaña llamada “las redes sociales no son la vida real”.

Para la adolescente, que se consideró a sí misma “adicta a las redes sociales, los likes y la aceptación popular”, su vida 2.0  era una “gran mentira”.

La rubia confesó hacerse hasta 50 fotos antes de elegir la correcta, gritar a su hermana pequeña para que la retratara y haber contratado, incluso, modelos que sirvieran como “novios” en sus publicaciones.

“Las marcas comenzaron a pagarme por aparecer con sus productos. Llegó un momento en que sólo esa foto en las redes era lo que tenía sentido en mi día a día», dijo en una entrevista a un medio local.

modelo australianaSegún George Nitzburg, un miembro investigador en Mount Sinai (EEUU), las redes sociales son un peligro real. «Definitivamente es en la comparación social cuando sientes que otras personas viven vidas más felices y mejores que la que tú vives, o que lucen mejor y se sienten mejor que tú», dijo en una conferencia.

El investigador parece coincidir con O’Neill, quien en una de sus últimas publicaciones, escribió: ¿Cómo podemos darnos cuenta de nuestros propios talentos si no dejamos de fijarnos en los demás?».

Internet es una gran herramienta que ha democratizado las oportunidades y acabado con las fronteras, ¿vale la pena, con tantas posibilidades, emplearla solo para aparentar ser alguien “mejor”?

O’Neill está arrepentida de ello.

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