En situaciones de crisis, la empatía necesita ser tendencia

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Las adversidades derivadas por la cuarentena y la pandemia del coronavirus tienen muchas semanas retando nuestras habilidades para manejar cambios. Unos más complejos que otros, pero todos nos generan molestias y angustias al implicar importantes rupturas en nuestras rutinas.

Con esas emociones, uno de los aspectos más afectados de nuestra vida es la calidad de la comunicación, tanto con los seres queridos como con los clientes y colegas.

Cuando estamos molestos o fastidiados por estar obligados a cambiar nuestros hábitos, es fácil no ser muy empáticos en la comunicación.

Nos volvemos muy sensibles y el agotamiento frente a las dificultades nos puede hacer de igual manera con la gente más cercana, aunque la sigamos queriendo.

Sentir empatía no solo beneficia la comunicación y las relaciones con los demás, sino que nos ayuda a desarrollar nuestra inteligencia emocional, porque nos facilita estar más conscientes de nuestras emociones.

Sentir empatía por alguien implica no juzgar sus emociones u opiniones. Y no juzgar es, precisamente, lo que nos permite “ponernos en los zapatos” de esa persona, de verdad. Por más pequeño que sea el juicio, dejamos de ser empáticos al instante.

Claro que a veces no es nada fácil. Por instinto, los seres humanos emitimos juicios. Gracias a ellos hemos podido sobrevivir miles de años como especie.

No criticar o emitir juicios sobre los demás requiere fuerza de voluntad y disciplina (que podemos aprender y desarrollar). Pero la empatía es una cualidad indispensable para poder conectarnos emocionalmente con las personas que nos importan.

En situaciones de adversidad, la empatía es fundamental para la buena comunicación entre las personas con las que tenemos que compartir, en una u otra medida, los retos del aislamiento y las dificultades económicas y laborales que conlleva.

Por ejemplo, en una posición de liderazgo, la empatía siempre es crucial para cultivar la confianza y el aprecio de los seguidores, bien sea empleados, colegas o familia. Y en atención al cliente y ventas, es una de las habilidades más importantes para desempañarse con un nivel verdaderamente profesional.

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Cuando estamos en crisis creemos que para todos es la misma situación. No pensamos en los matices. Lo que nos hace creer que todos estamos en el mismo barco y que todos tenemos las mismas percepciones y prioridades.

En consecuencia, terminamos por hacer generalizaciones simplistas sobre lo que deberían hacer o no hacer las demás personas, en general.

Las adversidades generadas por el covid19 y la cuarentena tienen efectos diferentes para cada quien, aunque tengamos muchos aspectos comunes para todos de mucha importancia.

Podríamos decir que nos ponen a casi todos en el mismo mar. Pero no todos cuentan con los mismos recursos. Unos tienen barcos más grandes que otros. Inclusive hay quienes ni tienen barco.

Eso significa que unos están mucho más preparados que otros, con provisiones y ahorros para aguantar más días sin necesidad de trabajar.

También implica comprender que la población con menos recursos económicos, que es la mayoría en muchos países, se ve obligada a trabajar para resolver su sustento cotidiano.

Desde esta perspectiva, siempre resulta poco empático e injusto decretar que todos debemos hacer más o menos lo mismo, de la misma manera, o que todos deberíamos ser igual de conscientes de las mismas responsabilidades.

¿Podremos aprovechar esta compleja situación para aprender más a sentir empatía por las personas con más desventajas que las nuestras?

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