Tendencias en los cambios de hábitos generados por la pandemia

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“Llueve y escampa” es un refrán que nos recuerda que las crisis como la generada por la pandemia del Covid-19 pasan.

Pero los cambios de hábitos que nos ha impuesto el confinamiento y sus consecuencias, tienen un impacto que no es fácil ver para muchos.

Imagina que, antes de la pandemia, casi nadie utilizaba teléfonos celulares. Entonces explota la crisis y la necesidad de distanciamiento físico obliga a la mayoría a utilizarlos. 

Al principio nos molesta. De la noche a la mañana nos sacan de nuestra zona de confort. Los terminamos usando de mala gana porque no sentimos las mismas emociones del contacto real. Pero nos sirven para mantener un contacto.

Poco a poco nos vamos acostumbrando. Nuestro cerebro asimila rápido que un contacto, aunque no sea el ideal, es mejor que ninguno. Por lo tanto, en el proceso de adaptarnos, comenzamos a asimilar y racionalizar las ventajas de la telefonía móvil.

Las personas con una mentalidad más flexible y dispuesta a cambiar, asumen con más rapidez los nuevos hábitos que implican los teléfonos celulares. Al principio les resulta incómodo, pero persisten. Saben que necesitan evolucionar.

A los demás les cuesta adaptarse. Para los más grandes y fuertes antes de la pandemia, también tienen retos de cambio. Algunas de sus ventajas perdieron vigencia repentinamente. Eso molesta a cualquiera. Pero todos estamos en el mismo mar del confinamiento.

Sin embargo, a quienes más molesta cambiar es a los que lo ven como si fuera una amenaza a sus valores más preciados. Terminan bloqueados mentalmente y es comprensible. Se niegan a adaptarse a las nuevas exigencias. Piensan que como en algún momento escampará, lo que hay es que tener una estrategia para aguantar hasta entonces.

Los más cerrados al cambio no toman en cuenta que escampar no significa que volveremos exactamente a la misma “normalidad” que teníamos antes de la crisis. Eso no pasará porque en el proceso del confinamiento descubrimos posibilidades inimaginables antes de la crisis.

Por supuesto que regresaremos a muchos de los viejos hábitos pre-pandemia. Pero también habremos cambiado muchos otros y les habremos agarrado el gusto a cosas que desconocíamos o que nos desagradaban. Pero la crisis nos empujó y terminamos cambiando.

Por ejemplo, nunca habíamos hecho tantas compras por medio digitales y nunca habíamos recibido en nuestra casa tantos servicios “delivery”.

Esto quiere decir que las incomodidades del confinamiento también significaron el descubrimiento de otras comodidades.

Nunca habíamos hecho tantas capacitaciones virtuales y de pronto descubrimos que teníamos muchas más posibilidades de crecimiento profesional que lo que pensábamos. 

Sabemos que la experiencia virtual de estudio no es lo mismo que un salón de clase. Pero para muchos, lo virtual es mejor que nada. Por eso les resulta fácil acostumbrarse.

Muchas empresas descubrieron que buena parte del trabajo que se hacía en sus oficinas, también puede hacerse en la casa de los empleados. 

¿Crees que cuando escampe los empresarios pensarán igual sobre los costos de mantener el espacio físico de sus oficinas?

Quizás no sepamos mucho sobre cómo y cuándo terminará esta situación. Pero estas tendencias en los cambios de ciertos hábitos las tenemos frente a nosotros, con bastante nitidez.

Después de que pasamos el umbral de la incomodidad inicial de los cambios y le agarramos el gusto a sus ventajas, muchas cosas no vuelven a ser lo que eran. La buena noticia es que podemos anticiparnos y actuar de inmediato.

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