Gerencia de la motivación en tiempos de pandemia

gerencia de la motivación

Les propongo hablar de gerencia de la motivación porque este reto involucra el manejo de recursos como el tiempo, el liderazgo, la planificación, la comunicación y la energía de la actitud.

En tal sentido, las siguientes son 5 orientaciones clave para tener éxito en el trabajo de motivar a otras personas y a nosotros mismos.

Clave 1: Necesitamos comprender que la motivación depende de los motivos

La motivación se deriva de tener motivos, razones, metas y objetivos, bien definidos y vigentes.

Muchas veces la desmotivación es un reflejo de cómo las adversidades nos hacen olvidar los motivos que nos llevaron al camino hacia una meta.

Quizás nos sorprendió un contratiempo tan grande que los motivos que nos llevaron a ese camino perdieran sentido. Entonces habría que ajustarlos o cambiarlos.

Es decir, para auto motivarnos o motivar a otras personas, necesitamos comenzar por analizar si los motivos que nos hicieron tomar un camino tienen validez o hay que actualizarlos o modificarlos.

Ahora bien, si nos enfocamos en la motivación, abordaremos el reto de manera superficial, porque la motivación es como la punta de un Iceberg.

Por encima de la línea de flotación, solo sobresale cerca de un 10% del Iceberg.

Así pues, si queremos que la motivación sea mayor y más fuerte, necesitamos proporcionar más fuerza y vigencia a los motivos.

Investigaciones sobre el tema indican que mientras más claramente esté definida una meta o un objetivo, más impacto tiene en la motivación.

Las metas con definiciones genéricas no motivan igual que las más precisas y detalladas.

Y esto nos lleva a la clave 2.

Clave 2: Las metas deben plasmarse en un plan de trabajo formal

Las investigaciones indican que las personas que logran altos niveles de motivación para alcanzar sus metas tienen un plan formal de trabajo.

En la gerencia de la motivación, el plan de trabajo del que hablo no es un ejercicio teórico del camino ideal para llegar a una meta.

El plan de trabajo más efectivo es el que se basa en anticipar obstáculos predecibles, y formular respuestas para mantener el rumbo, aunque modifiquemos el camino.

Los ajustes en el camino no implican cambiar de rumbo. Podemos hacer cambios tácticos en el plan y continuar hacia nuestro norte.

En tal sentido, un buen plan puede tener un gran efecto motivador.

Se trata de un plan de trabajo que usamos todos los días, como si fuera una brújula.

Le damos formalidad al ponerlo por escrito para estimular y facilitar un compromiso formal con el mismo. Y al estar escrito es mucho más fácil de compartir con otros para involucrarlos en el plan.

El plan formal también debe contener las adversidades que se pueden predecir y las respuestas previstas para conservar el rumbo y proteger la motivación.

Aunque solo podamos predecir pocas adversidades, el ejercicio de anticiparlas y darles respuestas es un alimento clave para el sentimiento de identidad y compromiso con el plan.

Hacer el ejercicio formal de diseñar el plan, por escrito, siempre une a la gente y nutre su motivación.

Clave 3: El plan debe tener un formato tipo mapa

Sabemos que un plan está bien formulado, porque es utilizado para guiar las decisiones y acciones del día, la semana, el mes o el año.

Así que, hablando de gerencia de la motivación, un buen plan estratégico no es un documento engavetado.

Utilizarlo cotidianamente nos mantiene emocionalmente encarrilados en nuestro rumbo.

El formato de mapa para un plan es poderosamente motivador, porque:

  1. Nos facilita visualizar la relación que hay entre dónde estamos en el presente y a dónde queremos llegar en el futuro.
  2. Nos ayuda a mantenernos enfocados en el rumbo hacia nuestra meta, aunque hagamos cambios en el camino.
  3. El lenguaje visual de un mapa es más fácil de compartir con quienes necesitamos involucrar en el plan.
  4. Un mapa nos ayuda a ver mejor los avances alcanzados, aunque sean aparentemente pequeños.

Esos avances representan pequeñas victorias que estimulan las áreas del cerebro que son responsables de la recompensa y la motivación para continuar el camino.

Y de eso se trata la clave 4.

Clave 4: Hay que celebrar los logros y fortalezas de manera sistemática

Cada logro que se celebra sistemáticamente, aunque sea pequeño, es un potente combustible para la motivación.

Ese modesto paso significa que el plan funciona y llegar a la meta es posible.

La evidencia de avanzar oxigena la esperanza y las ganas de seguir.

Pero identificar pequeñas victorias y comunicarlas adecuadamente también requiere de un plan de trabajo sistemático.

Si los logros no se comunican dentro del marco de un plan, solo tienen un efecto menor.

Pero cuando comunicamos los logros, bien ubicados en el mapa del plan, y evidenciamos su valor, cada avance potencia la motivación.

Celebrar los logros nos lleva a recordar nuestras fortalezas y eso también nos motiva, porque nos enfoca en nuestras posibilidades de acción con los recursos que tenemos.

En la gerencia de la motivación, recordar las fortalezas es un capital emocional extraordinario. Pero solo funciona si se tiene un plan para hacerlo con orden y constancia.

En general, no estamos acostumbrados a celebrar organizadamente las pequeñas victorias sino las “grandes”. Pero podemos aprender a hacerlo.

Igualmente, la manera de celebrar las fortalezas es un reto. Sin un lenguaje adecuado es fácil pecar de prepotencia o vanidad.

Sin embargo, podemos ser muy eficaces celebrando los logros y las fortalezas si lo hacemos con la debida estrategia.

Y un elemento básico en esa estrategia es el lenguaje, lo que nos lleva a la clave 5.

Clave 5: Necesitamos ejercitar un lenguaje de oportunidades y avance

Refrescar nuestros logros y fortalezas es un ejercicio de lenguaje que nos brinda un encuadre diferente de las adversidades y determina nuestra actitud frente a las mismas.

La desmotivación se alimenta de la incertidumbre, porque la falta de certezas nos produce angustia, miedos y desesperanza.

El lenguaje que usamos en torno a la incertidumbre es de límites y etiquetas, que se traducen en “esto no se puede”, “aquello es imposible” o “ya no podemos más”.

Cuando nos enfocamos en lo que no controlamos, nuestra mente solo percibe límites desmotivadores.

Pero dirigir nuestra atención hacia lo que sí controlamos y podemos modificar, hace que la esperanza se conecte con posibilidades ciertas de logros.

El uso del lenguaje tiene el poder de crear la realidad que percibimos e interpretamos. Por lo tanto, las palabras que utilizamos cotidianamente pueden facilitarnos o dificultarnos la gerencia de la motivación.

Por ejemplo, usar la palabra problema como una etiqueta para toda adversidad no estimula la motivación, como cuando utilizamos en la misma situación la palabra reto u oportunidad.

Igualmente, si dejamos de decir “lamentablemente” para referirnos a lo que no controlamos, podemos tener avances importantes en el uso del lenguaje.

Si nos enfocamos en lo que sí controlamos, aunque parezca poco, veremos opciones de acción a nuestro alcance que disparan la motivación.

Por supuesto que a esta lista se pueden agregar muchas otras. Pero, ¿qué te parecen estas claves?

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